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En 1993, un periódico ruso publicó un artículo sobre un dispositivo aéreo no convencional desarrollado en Saratov. Este "disco volante", creado por la empresa Ekip, utilizaba una combinación de efecto de superficie y suspensión aerostática para transportar cargas con mayor eficiencia que los aviones convencionales. Aunque el prototipo ya existía desde años antes, la falta de financiación lo retrasó. Un modelo experimental de 2.5 metros de diámetro realizó un vuelo de prueba, pero el modelo completo no se lanzó hasta el siguiente año.
El dispositivo tenía capacidad para volar a grandes altitudes, sin necesidad de aeropuertos tradicionales, y podía aterrizar en nieve, agua o terrenos difíciles. Su bajo consumo de combustible y estabilidad en vuelo lo hacían seguro incluso para pilotos no expertos. A pesar de su potencial, el proyecto enfrentaba dificultades económicas. Sin embargo, generó interés internacional, con empresas extranjeras deseosas de participar. La prioridad para desarrollarlo seguía siendo Rusia, aunque la colaboración global parecía posible.