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En 1994, cerca de la central nuclear de Kursk en Rusia, aparecieron dos cráteres de 7 a 8 metros de diámetro en un risco. Los expertos no encontraron rastros de explosiones, fragmentos metálicos ni alteraciones sísmicas. La radiación estaba dentro de los límites normales y las muestras de suelo y agua no revelaron nada anormal. Aunque se consideró la posibilidad de un meteorito, también se mencionó la posibilidad de un OVNI como causa. La falta de evidencia clara mantuvo el misterio alrededor de estos cráteres.