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En diciembre de 1952, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) respondió a una consulta sobre señales de radio no identificadas que podrían estar relacionadas con avistamientos de platillos volantes. El informe revela que, en ese momento, no se conocían señales persistentes que pudieran vincularse con objetos voladores no identificados (OVNI). La FCC explicó que sus estaciones de monitoreo estaban enfocadas en tareas específicas y no tenían recursos para investigar señales esporádicas. Aunque la FCC tenía una red de estaciones de monitoreo, principalmente en Alaska y Hawái, su alcance era limitado para frecuencias altas. Sin embargo, se destacó que cualquier señal persistente podría haber sido detectada y registrada.
La FCC mantenía un archivo detallado de todas las interceptaciones realizadas por sus estaciones de monitoreo, incluyendo frecuencias, identificadores, tipo de emisión y ubicación. Este archivo era clave para identificar nuevas señales. A pesar de que el informe fue clasificado como secreto, se concluyó que no existían indicios de señales relacionadas con OVNI. El documento también resalta que, si tales señales hubieran existido, habrían sido objeto de estudio por su relevancia. Este caso muestra cómo las autoridades revisaban los informes de OVNI desde una perspectiva técnica y reguladora.